martes, 15 de julio de 2008

Motivación de la Providencias


Las providencias, dentro de su estructura, tienen dos partes fundamentales, la motiva y la resolutiva. La motiva, esta compuesta a su vez, por: los obiter dicta, que son las razones accesorias al caso concreto de estudio, y la ratio decidendi o razón especifica de la decisión. La parte resolutiva, decisum, es lo concretado en el caso bajo examen, lo resuelto, lo decidido.

La decisum, jamás podrá estar legitimada sin una correcta motivación, ya que esta le entrega el soporte racional y argumentativo que reviste de justicia a lo resuelto. Mediante la motivación se persuade a la sociedad, y a las partes en concreto, del sentido de justicia inmerso en la decisión.

De igual manera, la indicación concreta de las razones de la decisión, en las providencias, posibilita el ejercicio de la contradicción y con ello en derecho de defensa constitucional. No es posible atacar los fundamentos que se desconocen. Por lo anterior a dicho Calamandrei:
“La motivación llega a ser el espejo revelador de los errores de juzgador. Cuando el abogado examina una sentencia para descubrir en ella motivos pertinentes de impugnación, el terreno en el cual va a la caza de errores se localiza fundamentalmente en la motivación, en la cual escudriña, porque puede suceder que precisamente en una palabra o hasta en un signo gramatical se esconda una fractura sutil de carácter lógico, suficiente para introducir en el fallo la palanca de la impugnación, y de esta manera hacer saltar todo el edificio”
Lo anterior resulta ser evidente, en nuestro Estado de social de derecho, resulta imprescindible que los funcionarios judiciales justifiquen sus decisiones de manera razonada, lo que evita las posiciones arbitrarias y caprichosas.

Ha dicho la Corte Suprema de Justicia: “…Los jueces de derecho no somos soberanos en nuestras actuaciones, sino que por el contrario estamos sometidos al imperio de la Constitución y la ley y en obediencia a una y otra norma nuestros fallos no pueden ser el resultado de una vocación caprichosa, sino de consideraciones que estén atemperadas a las providencias constitucionales y legales.”

La corte constitucional sobre el particular ha dicho: “Los jueces deben fundamentar sus decisiones, no en criterios ad – hoc, caprichosos y coyunturales, sino con base en un principio general o una regla universal que han aceptado en caos anteriores, o que estarían dispuestos a aplicar en caos semejantes en el futuro. Y es que no puede ser de otra forma, pues de los jueces se espera que resuelvan adecuadamente los conflictos, pero no de cualquier manera, sino con fundamento en las prescripciones del ordenamiento.

El juez debe entonces hacer justicia en el caso concreto pero de conformidad con el derecho vigente, por lo cual tiene el deber mínimo de precisar la regla o el principio que sirve de base a la decisión concreta (…) Por ende, la existencia de una ratio decidendi en una sentencia resulta de la necesidad de que los casos no sean decididos caprichosamente sino con fundamento en normas aceptadas y conocidas por todos, que es lo único que legitima en una democracia el enorme poder que tiene los jueces - funcionarios no electos- de decidir sobre la libertad, los derechos y los bienes de las otras personas”

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